Lo amaba. Él era en lo único en lo que pensaba. Día y noche, noche y día, noche y noche. Su corporeidad me asombraba e hipnotizaba. Había tanto de él que no comprendía y que sin embargo aceptaba. Lo prefería así, lleno de misterios y de colores vivos. Sus ojos me dejaban atónito, sus manos, sus arrugas, su piel… su piel. Tenía todo, y yo amaba todo de él. Tras sus suspiros iba yo, agarrándolos al vuelo y guardándolos en el bolsillo.
Odiaba dejarlo atrás, alejarme de su persona, despegarme de su figura. Pero debía ser paciente, no podía seguirlo a todas partes. No debían verme en determinados lugares, hubiera sido inexplicable, incómodo, onírico. No podía imaginarme junto a él en su oficina, o dentro de su propia casa, o en las noches oscuras y cobardes. Yo sólo podía asomarme, debes en cuando… como algo fugaz, tenue. Pero nunca mostrarme tal cual, en toda mi extensión. Eso sólo ocurría los cálidos mediodías, donde la nostalgia desgarraba mi calma, y lo seguía de forma explícita… para que me viera, me sonriera, me pisara, me jugara.
Claro que yo era algo común para él. Los hombres ya no se preguntan, ni se asombran. Ya no les importa la nube, ni el pájaro, ni la lágrima. Soy nada, algo que no molesta, pero que tampoco importa… ni siquiera algo. Soy la imagen perdida, una película vieja, un caset. Sólo un contorno, un contraste. Una masa gris, confundible, camuflable. Soy…¿ soy?
No puedo llorar, ni mentir, ni soñar. Soy tan limitado, tan estructurado. Lo que él hace yo lo hago. Aunque prefiero la distorsión en determinados momentos y me tomo la libertad de hacerlo un poco más irreal, sigo pisando sus talones e imitando, como un estúpido monito de feria, todos sus movimientos, todas sus manías.
Como todos, paso por crisis. Como casi todos, lo amo y lo odio, y lo vuelvo a amar. Me he tratado de enamorar de otros como yo, de olvidarme de su sonrisa perdida y sus ojos juguetones. Pero a todos los de mi especie les pasa lo mismo que a mi, todos perdemos la cabeza rápido y somos bastante tercos. Y viendo a mis pares, corriendo ridículamente tras sus amores no correspondidos, casi rozando el delirio y sin un ápice de de orgullo propio, me veo. Me doy asco y me siento uno con la masa. A la noche, en la quietud exasperante de mis pesadillas, el sol es demasiado fuerte y duele ser yo.
Sé que si me mato, el morirá también. Porque sí, puedo morir. Sólo tengo que invocar algunos demonios imaginarios que me tiran agua hirviendo y me despegan suavemente. Yo casi no lo siento, pero en el instante en que me voy, él cae en la más profunda de las fiebres. Y en sueños, en memorias tácitas de delirios cuerdos, sabrá que está solo y que esa soledad lechosa y cristalina durará para siempre. Que una parte de él se fue con el agua, con los demonios. Que ni el juego, ni el mediodía y ni siquiera el sol serán los mismos sin su sombra-
Calipso
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viernes
Un par de demonios y agua hirviendO
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lunes
Continuación de un Diálogo
Luis y Juan iban caminando y hablando.
- Te acordás de esteban? - preguntó Luis.
- Sí, me acuerdo (...) - contestó Juan - Se suicidó una noche hace tres años.
- Hace tres años? - dijo Luis - (...) Puedo asegurarte que hace dos años.
Y al cruzar la calle un automóvil atropelló a Juan.
- Vos tenías razón - le dijo Esteban a Juan - Fue hace tres años, una noche.
Y Esteban y Juan siguieron caminando y hablando.
Villafañe
- Te acordás de esteban? - preguntó Luis.
- Sí, me acuerdo (...) - contestó Juan - Se suicidó una noche hace tres años.
- Hace tres años? - dijo Luis - (...) Puedo asegurarte que hace dos años.
Y al cruzar la calle un automóvil atropelló a Juan.
- Vos tenías razón - le dijo Esteban a Juan - Fue hace tres años, una noche.
Y Esteban y Juan siguieron caminando y hablando.
Villafañe
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martes
KATEL GOLLET, la condenada.
(...) El conde quería que la muchacha se casara lo más pronto posible. ¿Cómo contener una golondrina de 16 años, que sólo pensaba en bailar y gozar? Era la torre más difícil de defender para un viejo (...) Katel daba cita a sus pretendientes y danzaba, girando con ellos durante horas. Casi sin rozar el piso, casi sin rozar a su compañero, Katel volaba con la música, cuando tomaba la mano del joven lo fascinaba, lo emborrachaba de amor y locura hasta el punto que, como un poseso, el caballero bailaba y más de una vez caía muerto a los pies de Katel. (...) Una noche se había puesto de acuerdo con el joben Salaun para bailar hasta el amanecer (...) Katel radiante como nunca presentó a su prometido, "prometido al baile y a la muerte".(...) Bajo los árboles la joven pareja bailaba en la oscuridad(...) katel soltó la mano de su compañero, que cayó desmayado sobre la hierba (...) aparecieron dos hombres, uno llevaba una gaita enorme. El otro, alto y atractivo, iba vestido de negro y rojo (...) La gaita empezó a emitir sonidos aterradores. Sólo para katel parecía se runa música irresistible, arrebatadora. El caballero la tomó entre sus brazos y con ardiente mirada la convidó al baile. la danza comenzó desenfrenada (...) nadie se atrevía a intervenir el baile. Katel orgullosa y feliz, volaba desafiante. (...) Estaba ya cerca el amanecer cuando Katel, por primera vez en su vida, comenzó a dar muestras de cansancio. La gaita desgranaba una música dolorosa y maldita, interminable como el infierno. Ahora tenía miedo, pero sus esfuerzos por escapar fueron inútiles. (...)
- Vamos hermosa aniña, ¿Quién puede cansarse de bailar? - gritaba el siniestro caballero. Katel, como una cierva herida, brincaba en el fantástico remolino.
(...) katel cayó vencida, agonizante.(...) la muchedumbre comenzó a alejarse del lugar.
Al alba los campesinos encontraron sobre la hierba dos cadáveres jóvenes y pálidos. eran Katel y Salaun.
CUENTO BRETÓN.
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