jueves

Caleidoscopio

Caleidoscopio

Tu sonrisa vanguardista me consume. Solo pienso en llevarte lejos, al mar, y perdernos en selvas de papiros. Exhalas el humo que nos calma y te deseo. Sos una curva, un pequeño delirio personal, un hilo de color, una nota perdida. Y te quiero para mí, allá arriba, volátil. También te quiero en lo profundo, en lo azul, en lo barroso. Sueño con que nos salgan aletas y que las escamas escondan nuestros secretos impuros. Tu presencia se traga el tiempo, lo devora. Sos un caleidoscopio, amo mirar a través tuyo y guardarme una ilusión en el bolsillo. Me vendes un guión y te lo compro, me sorprendo cada vez que te leo. Siempre te encuentro, ahí en cada renglón, latente.
Tu crueldad es un látigo dulce, casi aditivo. Y aunque quisiera mimetizarme con el asfalto duro, los jeans y los cigarros, sigo siendo una luna ajena, un riachuelo, una brisa.
Y que no me entiendas me enfurece, me enerva, me enloquece. Me hace pensar en impulsos, que se desvanecen apenas nacen, que se van lejos… con el humo que tú exhalas.


Calipso

sábado

CICLOPÍA

CICLOPÍA

DORMÍA Y LLORABA
LLORABA Y DORMÍA.
HUÍA DE HÉROES, LOS COMÍA.
SU OJO ERA UN PUENTE
COLGANTE.

MENTÍA DICIENDO QUE VEÍA
COMO LAS CABRAS VOLABAN
Y LAS DIOSAS SE BAÑABAN EN LAS OLAS.
LE GUSTABAN LAS GUAYABAS
SU SABOR LO TRANSPORTABA
A LUGARES MÁS CÁLIDOS.

SU CIELO REDUCIDO LO ENVOLVÍA,
Y DE ATRÁS LO SORPENDÍAN LAS LECHUZAS.
GIRABA HASTA CAER RENDIDO
Y CRECÍA.

NO LE GUSTABA SANGRAR,
ESO LE HACÍA SENTIR EFÍMERO.
SU CICLOPÍA LO ENTRISTECÍA
PERO SE RECONFORTABA
EN SU MONSTRUOSIDAD.



SUS FÉMURES ERAN FRÁGILES
HUBIERAN SOPORTADO A MUCHOS ULISES,
PERO ÉL A VECES SE CAÍA
SE SENTÍA DÉBIL
ESCASO,
ENFERMO.

NO ENTENDÍA MUCHAS COSAS
OLÍA RARO EL AIRE EN INVIERNO,
COMO A MIEDO PASADO POR AGUA.
LLEGABAN LOS HOMBRES
ESCUPÍAN NUBES MISTERIOSAS
Y LE PINCHABAN CON ACERITOS.
LE HACÍAN COSQUILLAS
PARA QUE LLORARA.

Y ENTRE HUMOS DE COLORES
SU ORGULLO MITOLÓGICO SE HACIA NIMIO
SE VOLVÍA UN ESPINA,
UN ARDOR,
QUE LE HACIA PESTAÑAR HASTA DORMIRSE.

Calipso
VAInilla


Te miro y no tiemblo. Las crisálidas no despiertan de su sueño gástrico. Sos vos, es él, es ella. ¿Qué más da? Me tocas, me dejo tocar. Me estremezco bajo tu tacto pero sólo es algo corporal, más bien mecánico. Tu mano se va y huye el frenesí momentáneo. Trato de ahogarme en tus ojos, pero hay tanto que me tienta en las orillas, que prefiero perderme en la selva. Oigo tu voz y espero el impacto. Pero sigo esperando, y mi abismo no entra en tu puente, y mi suspiro te suena a delirio. Para vos todo lo que hago sabe a miel, lo presiento en tu sonrisa. Me gustaría tener el sabor correcto, no una burda esencia de vainilla, empalagosa e impalpable. Tu canto no me provoca desasosiego, ni comezón, ni curiosidad. Algo en vos no me desvela, no hay eclipse. Ni la casualidad, la avaricia, el rock o la lluvia pudieron hacer que mi voz se quebrara o mi boca te buscara. Y mientras, la brisa se lleva el verano, la ciudad nos envuelve de nuevo, la vergüenza suplanta a mi sombra y sigo esperando el impacto.
Sentite libre, explorá, descubrí. Te invito a que nos descifremos y simulemos comprendernos desde donde estemos. Soñemos a imaginarnos. El alivio de una visita, aunque sea sólo una ráfaga.